Mi Cama…

De mi para… ¿Mí?

A veces como hoy escribo porque la cabeza me da miles de vueltas en un eje desconocido, mientras The Cure suena en mis oídos. Ya ni mi cama sin doseles ni sabanas de seda me soporta y eso es mucho decir, porque le doy una vida emocionante o al menos lo intento.


Imagínate tú, si a ella le regalo cada noche el olor suave a fresas de mi cuerpo; mi espalda desnuda que la acaricia y mi vientre cálido que se desliza entres sus sábanas y le hago creer que soy una distinta cada vez y me lo cree, o eso quiero creer cuando me acurruco entre sus brazos de satín.

A veces soy sensata y puritana sin necesidad de fingir dolores de cabeza ni cólicos menstruales, sabe que no la engaño.



Ella intuye que la frigidez no va con esta, mi sangre caliente que a veces amenaza con coagularse si no llega el viento nocturno a enfriarla o ya de perdida una cerveza con harto limón y sal escarchada con picante en sus orillas.


Otras, soy una cualquiera que se orgasmea* con la suave dureza de sus resortes ergonómicos y recubiertos por tela importada por los que pagué más de lo que mi tarjeta de crédito podía soportar o en todo caso mi consigna mensual y se puso en huelga desde entonces, menos libros más e-books. Esas noches son un verdadero festín: la hago feliz, la lleno de aroma y humedad. Le hago cosquillas y hasta la tuteo, me doy esa confianza con mi buena compañera silenciosa.


Luego mis dedos cansados reposan en sus curvas suaves de espuma y me los besa hasta que los deja serenamente dormidos y yo no puedo más que unirme a su descanso y me pongo a soñar despierta mirando el campo estelar que se distingue entre las cortinas de esa ventana fría que la envidia. 

Pero las más de las veces soy una cursi, pues la toco y le hablo quedito a su almohada.



Le cuento que estoy feliz porque otra vez me sentí mujer. Le cuento que estoy loca por la rabia de darme cuenta que soy una ignorante de los placeres de la vida y no hago nada por remediarle, que estoy enamorada de “El Hombre” y que soy una adicta a la adrenalina que surge ante lo desconocido y lo no planeado. Simplemente me recuerda y le cuento que cada día improviso.

Y aunque confío en su discreción, al fin una dama igual al sillón con e que aveces paso la noche que es todo un caballero, pero pues ella se queda allí taciturna, impasible, inmutable, hay veces como hoy que rechina y su sonido me obliga a dejarla un momento y viajar entre las penumbras de mi hogar por un vaso de leche fría… a ver si así me imagino que tuve un orgasmo.



P.D. Feliz  día del Orgasmo Femenino.. we que dan ganas de uno y no hay con quien.. sera hasta el susodicho regrese de donde anda. 

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